sábado, 1 de agosto de 2015

Filosofía: Textos de un libro prohibido


 
Entre esas masas de catedral escultura que conservan gran parte de la teología medieval, un grupo con frecuencia recurrente destaca por su presentación de una doctrina tradicional sobre el origen del universo. El Todopoderoso, en forma humana, se sienta benignamente, haciendo el sol, la luna y las estrellas y colgándolos desde el firmamento sólido que apoya el "cielo" y supera la "tierra bajo".

Los surcos del pensamiento sobre la frente del Creador muestran que este trabajo es obligado a idear; los músculos anudados sobre sus brazos demuestran que él es obligado a trabajar; naturalmente, entonces, los escultores y pintores de la época moderna, medieval y temprana, con frecuencia le representan, como los escritores, cuyas concepciones encarnaban, como, en el séptimo día, cansado después de pensar y todo, disfrutando de merecido descanso y los aplausos de las huestes del cielo.

En estos fósiles de pensamiento de las catedrales y en otras revelaciones de la misma idea a través de esculturas, pinturas, vidrio-manchando, trabajos de mosaico y grabado, durante la edad media y los dos siglos siguientes, culminó la creencia de que el mundo había sido desarrollado en miles de años y que ha determinado que todos pensaba así y hasta nuestros días. Sus inicios se encuentran más atrás en la historia humana entre los primeros registros de casi todas las grandes civilizaciones y tienen un lugar más prominente en los distintos libros sagrados del mundo. En casi todos ellos se revelaba el concepto de un creador del hombre, quien es una imagen imperfecta, y que literal y directamente creó el universo visible con las manos y los dedos.

Entre estas teorías de especial interés para nosotros están aquellas que controlaban la teología desde Caldea. Las inscripciones asirias que recientemente se han recuperado y dado a los pueblos de habla inglesa, por Layard, George Smith, Sayce y otros, muestran que en las religiones antiguas de Caldea y Babilonia habían elaborado un relato de la creación que, en sus características más importantes, debe haber sido la fuente de nuestros propios libros sagrados. Ahora ha quedado perfectamente claro que de las mismas fuentes que inspiraron los relatos de la creación del universo, entre caldeo-babilónicos, asirios, fenicios y otras civilizaciones antiguas, vinieron las ideas que sostienen un lugar tan prominente en los libros sagrados de los hebreos. En las dos cuentas imperfectamente fusionadas juntas en el Génesis y también en la cuenta que tenemos del Libro de Job y en Los Proverbios, allí se presenta, a menudo con la sublimidad más grande, la misma concepción temprana del Creador y de la Creación – como una concepción natural en la niñez de la civilización, de un Creador que es un ser humano agrandado que trabaja literalmente con sus propias manos y de una Creación que es "la obra de sus dedos". Para complementar este punto de vista habían desarrollado la creencia en este Creador que, teniendo "en su amplia palma, lanza hacia adelante los planetas balanceándolos en el espacio, "se sienta en lo alto en el trono" en el círculo de los cielos, permanentemente controlando dirigiendo.
De esta idea de la Creación fue evolucionado en el tiempo una visión algo más noble. Pensadores antiguos y sobre todo, como ahora se encuentra en Egipto, se sugirió que la agencia principal en la creación no eran las manos y los dedos de Creador, pero sí su voz. Por lo tanto se fue mezclado con lo anterior una más tosca creencia sobre el origen de la Tierra y los cuerpos celestes por parte del Todopoderoso: una idea más impresionante, "habló y ellos se hicieron", es decir fueron traídos a la existencia por su "palabra".
 
"Una historia de la guerra de la Teología con la Cristiandad"
Andrew Dickson White. Nueva York. 1896.

 

miércoles, 29 de julio de 2015

El extraordinario y desconocido mundo de los "sensibles"


A veces no es fácil, en ocasiones resulta complicado encajar en un mundo con “demasiados alfileres”, con demasiado ruido, egoísmos y dobles intenciones. Los sentidos de las personas con alta sensibilidad (PAS) son tan vulnerables como privilegiados, pueden sentir lo que otros no perciben, o hacerlo a en una intensidad tan elevada que el mundo se muestra ante ellos con un abanico de realidades que a otros, se nos escapan.

¿Qué hace en realidad que una persona con alta sensibilidad sea de esta forma? ¿Es genético? ¿Por qué sufren más que otros? ¿Por qué el amor es a la vez tan intenso y doloroso en sus relaciones? ¿Por qué disfrutan de su soledad y a la vez, sienten una profunda incomprensión desde que son niños?
 

En el 2014 se publicó un interesante trabajo llevado a cabo en la Universidad de Stony Brook  (Nueva York), donde se intentaba dar una explicación sobre qué particularidades tenía el cerebro de una persona con alta sensibilidad (PAS), y de qué modo podría diferenciarse de las personas que no lo son, o que al menos, no presentan esa apertura emocional tan característica. Los resultados del trabajo llevado a cabo por seis investigadores, fueron publicados en la revista “Brain and Behavior“, y pasamos seguidamente a descubrirte las interesantes conclusiones.
Se estima que casi el 20% de la población dispone de las características básicas que definen la alta sensibilidad. Lo habitual, es que pasen gran parte de su vida sin saber que pertenecen a ese pequeño grupo de privilegiados, y a quienes, de alguna forma, les ha tocado vivir con unas “gafas invisibles” que les harán ver el mundo de otro modo, y con un corazón más abierto, a la vez que vulnerable. Los estudios llevados a cabo en la Universidad de Stony Brook revelaron que las personas con alta sensibilidad dispone de un cerebro emocional dotado de una gran empatía. Son cerebros orientados plenamente a la “sociabilidad”, y a la unión con sus semejantes.
¿Qué quiere decir esto? Básicamente lo que se concluyó es que los procesos cerebrales de estas personas muestran una sobreexitación en esas áreas neuronales relacionadas con las emociones y con la interacción: son capaces de descifrar e intuir los sentimientos de quienes tienen en frente, pero a su vez, deben enfrentarse a un problema muy básico…
El resto del mundo carece de su misma empatía, por tanto existe un claro desequilibrio respecto a su sensibilidad y la de quienes le rodean. “Se ven a sí mismos como diferentes”. Para llegar a estas conclusiones se llevaron a cabo diferentes pruebas como resonancias magnéticas, ahí donde estudiar los procesos cerebrales de las personas diagnosticadas como PAS, de aquellas que no lo eran. Y para ello, se les expuso a diferentes estímulos para ver la actividad bioquímica y de las diferentes estructuras que conforman el cerebro.
FUENTE:
El maravilloso cerebro emocional de las personas con alta sensibilidad (PAS)
 
 
 

 

miércoles, 15 de julio de 2015

VALENTÍN Y EL GNOSTICISMO


    El nombre de “gnóstico” viene de la palabra griega “gnosis” que significa conocimiento; gnóstico es por tanto quien adquiere un conocimiento especial y vive según él. El término “gnosis” no tiene por tanto sentido peyorativo. Algunos Santos Padres como Clemente de Alejandría y San Ireneo hablan de la gnosis en el sentido del conocimiento de Jesucristo obtenido por la fe: “la verdadera gnosis -escribe san Ireneo- es la doctrina de los Apóstoles” (AdvHaer IV 33).
 
    El término “gnóstico” adquirió sentido peyorativo cuando fue aplicado por los mismos Padres a ciertos herejes que tuvieron notable relieve entre los siglos II y IV. El primero en designarlos así fue San Ireneo que ve su origen en la herejía de Simón el samaritano (Hch 8,9-24), y dice que sus seguidores se propagaron por Alejandría, Asia Menor y Roma dando lugar a “una multitud de gnósticos que emergen del suelo como si de hongos se tratara” (AdvHaer. I.29.1). De ellos, continua diciendo San Ireneo, derivan los valentinianos que son a los que él combate directamente. Explica tal abundancia y diversidad de sectas diciendo que “la mayoría de sus fautores –en realidad, todos- quieren ser maestros; se van de la secta que abrazaron y urden una enseñanza a partir de otra doctrina, y luego a partir de ésta surge todavía otra, mas todos insisten en ser originales y en haber hallado por sí mismos las doctrinas que de hecho se limitaron a compaginar” (AdvHaer. 1.28.1).


San Valentín.

    Se ignora la fecha de su nacimiento. Hacia 140 llegó a Roma desde Alejandría, donde tuvo ocasión de recibir el influjo de la filosofía griega y conocer las religiones pagana, judía y cristiana. Parece probado que en Alejandría, además de una bien establecida ortodoxia cristiana, había una fuerte tradición gnóstica. De todos modos Valentín pasó por un proceso de evolución, en el que va distanciándose cada vez más de las afirmaciones cristianas y centrándose en la vertiente panteísta y mitológica. Así es notable la ausencia de mitología en el Evangelio de la Verdad (uno de los documentos gnósticos hallados, en traducciones coptas, cerca de Nag Hammadi, Egipto, en 1945). Cabría atribuir también a Valentín, situándola en este mismo estado de su evolución, la Epístola a Reginos sobre la Resurrección, de inconfundible carácter gnóstico, pero cuyo autor manifiesta querer estar dentro de la Iglesia, sin renunciar al nombre cristiano ni rendirse por entero a la filosofía. De todas formas, pretendiendo aceptar la doctrina cristiana de la resurrección, le da un sentido diferente interpretándola a la luz de la concepción gnóstica sobre el Pléroma (mundo divino originario) y sus relaciones con nuestro mundo. En cualquier caso Valentín unificó muchas opiniones abstrusas de la llamada gnosis vulgar egipcia en una visión poética no exenta de genialidad. Era un hombre de gran poder intelectual, que logró combinar materiales provenientes de diferentes fuentes en una síntesis poderosa y original. Helenizó y tiñó de cristianismo una gnosis más temprana, de carácter mucho más radicalmente mitológico y de la que estaban ausentes casi por completo los elementos cristianos y que mostraba en cambio una fuerte influencia de los medios judíos. Su poema metafísico parece además inspirado por vívidas emociones y experiencias personales. Valentín era un hombre de vivencias intensas, que expresó su concepción trágica de la vida en los símbolos de la imaginación creadora. La originalidad y poder de la gnosis valentiniana se encuentra en haber dado expresión mitológica a una visión intensamente personal del mundo, ya una fuerte experiencia del «yo».


El drama de los eones, que ocurre en el Pléroma, es para Valentín la imagen arquetipo de la condición humana. La gnosis de Valentín se presenta como respuesta a las cuestiones claves del existir, que uno de sus discípulos orientales enumera así: «¿Qué éramos? ¿Qué hemos llegado a ser? ¿De dónde éramos y adónde hemos venido a parar? ¿Hacia qué aspiramos? ¿Cómo somos redimidos? ¿Qué es generación y qué es regeneración?» (Extractos de Teodoto 78,2). Frente a esas cuestiones Valentín elabora una respuesta de fondo sincretista y en la que predomina lo mitológico. En resumidas cuentas, el pensamiento valentiniano se sitúa en la dimensión de la mitología.
 
Descripción del sistema Valentiniano
El perfecto eón, Abismo, preexistente, estaba -dice- con Silencio. Abismo concibió la idea (Ennoia) de emanar, y por medio de Silencio dio a luz a un par (syzygia) de eones: Mente y Verdad, dando así lugar a la Cuaternidad primordial. La Mente y la Verdad, queriendo glorificar al Padre Abismo, prosiguieron las emanaciones dando origen a una nueva pareja: a Logos y Vida, que a su vez engendra a Hombre e Iglesia, dando así lugar a la Cuaternidad inferior. El proceso prosigue hasta un total de treinta eones, el último de los cuales es Sophia (Sabiduría). Queda así integrado el Pléroma divino, en el cual sólo el primero de los eones (el Nous o Mente) puede contemplar directamente al Abismo, experimentando así un gozo infinito, mientras que los demás deben contentarse resignadamente con el mero deseo de contemplarlo.
 
     Pero la Sabiduría tuvo la pasión desordenada de conocer al Padre (o de engendrar como él, según otro tema) y fue expelida del Pléroma al espacio vacío (Kénoma). Quedó sola, sujeta a toda clase de pasión; tristeza, temor, desesperación e ignorancia, raíz esta última de todo mal. Los eones del Pléroma suplican al Padre que libre a Sabiduría y éste compadecido ordena una nueva emanación: el Límite, que frena el desorden de Sabiduría y la mantiene en la serenidad; o, según otra versión, el Espíritu (Pneuma), que instruye a los eones inferiores en el conocimiento del Padre. En gratitud por tan gran beneficio, la pluralidad de los eones aporta cada uno lo más perfecto de sí para producir el fruto perfecto: Cristo, también llamado Salvador, Gran Sacerdote, etc., que es enviado con sus ángeles para reintegrar al eón exiliado, es decir, a Sabiduría, librándola de sus pasiones.
Fuentes: Wikipedia y otras.
 
 
 
 

viernes, 10 de julio de 2015

Textos prohibidos: El Evangelio de Bernabé.


El libro habría sido descubierto en el año 2000 y ha sido mantenido en secreto en el Museo Etnográfico de Ankara. El libro, hecho en cuero tratado y escrito en un dialecto del arameo, el idioma de Jesucristo, tiene páginas negras, debido a la acción del tiempo. Según las noticias, los expertos evaluaron el libro y se aseguraron de que es original. Las autoridades religiosas de Teherán insisten en que el texto demuestra que Jesús no fue crucificado, no era el Hijo de Dios, sino un profeta, y llamó a Pablo, el “impostor”. El libro también dice que Jesús ascendió al cielo vivo, sin haber sido crucificado, y Judas Iscariote habría sido crucificado en su lugar. 

Habla sobre el anuncio que dio Jesús de la venida del Profeta Muhammad, quien fundaría el Islamismo 700 años después de Cristo. El texto prevé la llegada del último mesías islámico, hecho que no ha sucedido todavía. 

El Vaticano ha mostrado preocupación por el descubrimiento del libro y pidió a las autoridades turcas para que expertos de la Iglesia Católica evalúen el contenido del libro en la Iglesia Católica. Se cree que la Iglesia Católica en el Concilio de Nicea, ha realizado la selección de los Evangelios que formarían parte de la Biblia, suprimiendo algunos, entre ellos posiblemente el Evangelio de Bernabé. 

También existe la creencia de que había muchos otros evangelios, conocidos como Evangelios del Mar Muerto.  Fuente: Vanguardia.com 
 
César Pinos Espinoza

jueves, 9 de julio de 2015

HETERODOXIA CRISTIANA: LO DIFERENTE, LO PROFUNDO.

 
La humanidad ha buscado la Sabiduría durante siglos. Las vías de investigación e incluso la idea de Sabiduría a menudo ha sido diferente. Occidente sufrió una intelectualización demasiado radical, por el desarrollo de las ciencias, y Oriente mantuvo una cierta libertad espiritual en su búsqueda. En los siglos de mayor desarrollo del pensamiento científico, Occidente echó una mirada a Oriente e intentó recuperar la dirección en la búsqueda de la Sabiduría, por lo que a finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, se fue nutriendo de distintas doctrinas orientales. El problema es que la incorporación de dichas doctrinas ocasionaron una gran confusión, pues procedían de distintas corrientes de pensamiento oriental, muchas de ellas completamente antagónicas. Gracias al análisis científico e histórico es posible poner un poco de orden a las doctrinas orientales incorporadas por Occidente, tanto desde el punto de vista cronológico como desde el de su justificación.
 
La principal vía de introducción del pensamiento oriental en Occidente fue la Teosofía de la Sra. Blavatsky y del coronel Olcott. Ambos autores, fundadores a su vez de la Sociedad Teosófica, que se encuentra en el origen de gran cantidad de movimientos espirituales modernos, desarrollaron un cuerpo de enseñanzas compuesto de distintas doctrinas orientales, en el convencimiento de que, en el fondo, todas las enseñanzas místicas son en esencia idénticas, varían las formas pero el mensaje es el mismo. Esto es una verdad a medias. Sobre todo cuando se trata de distintas doctrinas que proceden de corrientes espirituales antagónicas. El principal error en que incurrieron es en que el "buddhismo esotérico", nombre que recibía lo que con posterioridad se denominó "doctrina secreta", y en autores cristianos: "ciencia espiritual" o "concepto rosacruz del cosmos", era una selección y mezcla de doctrinas budistas e hindúes, dos religiones que no son, formalmente, conciliables, pues parten de principios muy diferentes, si bien, tienen una base y un lenguaje común.
 
El budismo comparte con el hinduismo la creencia en la reencarnación y en la ley del karma, sin embargo, hay una doctrina esencial en el budismo que chocar radicalmente con el pensamiento hindú, por lo que desde la más estricta observancia del pensamiento védico se considera al budismo una filosofía heterodoxa, y esta es la doctrina del an-âtman. Además, la doctrina de la reencarnación no es idéntica en la filosofía védica y en el budismo, como tampoco lo es la doctrina sobre el karma. En los primeros sutras Buda establece sus "cuatro nobles verdades sobre el sufrimiento (duhkha)", de las que se deducen ciertas doctrinas, entre ellas la doctrina del karma y de la reencarnación como una consecuencia del sufrimiento. La enseñanza (dharma) de Buda tiene por objeto ser una guía para la liberación del sufrimiento, y una de las causas más importantes de éste es la creencia en la existencia de un principio de identidad último, al que los brahmanes denominaban âtman. Por eso, la tercera verdad es la liberación del sufrimiento, el nirvana, que es extinción de todo lo ilusorio, desde la realidad, que es fruto de "pratītya-samutpāda" o "surgimiento condicionado" de los fenómenos, así como de la creencia errónea de la existencia de un âtman.
La doctrina del an-âtman es muy difícil de aceptar por los occidentales, y por ello los fundadores del pensamiento teosófico la pasaron por alto, mezclando las doctrinas budistas con el concepto de âtman como realidad última. Y es que el occidental necesita ver el mundo de forma evolutiva, y el camino de realización como una "evolución de la conciencia", por lo que no contempla la mera "extinción", que es propiamente el nirvana. Para Occidente siempre hay un "yo", incluso divino en desarrollo, y en esto coincide plenamente con el hinduismo, donde el principio último inmanifestado, brahman, es igual a âtman, tal como rezan las Upanishad. Por tanto, no hay budismo, ni "esotérico" ni de ninguna clase, si se mantiene la creencia en un "yo evolucionante" o "yo divino", pues ello choca con una doctrina fundamental de todo el budismo. La esencia del budismo es la comprensión de la vacuidad, tanto de los fenómenos condicionados que contemplan los sentidos, como de la existencia de un observador con algún tipo de identidad, el budismo trasciende la dualidad que genera la sensación de sujeto-objeto porque niega la realidad inherente de ambos y afirma su completa vacuidad. 
 
 

Sorpresas para Francisco y ¡No más incoherencias!

Un regalo sorpresivo para el Papa y todo el mundo.
"Duele ver a una monja o un cura con el último modelo de coche"
El Papa se dirigió a 6.000 seminaristas y novicias, reunidos en el Vaticano y en un discurso totalmente improvisado pidió que la Iglesia no siga la riqueza y los religiosos sean coherentes con su voto de pobreza. "En este mundo en que las riquezas hacen tanto daño", dijo el pontífice, "los curas y las monjas tenemos que ser coherentes con la pobreza. Cuando vemos que el primer interés de una institución parroquial o educativa es el dinero, esto es una gran incoherencia", afirmó.
 
César Pinos Espinoza

"Yo soy Yo y mi Circunstancia". José Ortega y Gasset.

José Ortega y Gasset
Con la frase «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo», aparecida en Meditaciones del Quijote, Ortega insiste en lo que está en torno al hombre, todo lo que lo rodea, no sólo lo inmediato, sino lo remoto; no sólo lo físico, sino lo histórico, lo espiritual. El hombre, según Ortega, es el problema de la vida, y entiende por vida algo concreto, incomparable, único: «la vida es lo individual»; es decir, yo en el mundo; y ese mundo no es propiamente una cosa o una suma de ellas, sino un escenario, porque la vida es tragedia o drama, algo que el hombre hace y le pasa con las cosas. Vivir es tratar con el mundo, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él. En otros términos, la realidad circundante «forma la otra mitad de mi persona». Y la reimpresión de lo circundante es el destino radical y concreto de la persona humana.
 
El hombre es un ser que se encuentra inmerso, sumergido en una circunstancia (o naturaleza), la cual le presenta distintas concepciones de su estado físico y mental. Por tanto, deja al hombre la misión de satisfacerlas. En el cumplimiento de tal tarea, agrega Ortega, es que el hombre crea la técnica, que, según este autor, podemos definir como «la reforma que el hombre impone a la naturaleza en vista de la satisfacción de sus necesidades». Ortega y Gasset definía al hombre como un «ser compuesto de realidades circunstanciales creadas por la opacidad en la forma de pensar y en el sedentarismo como fuente inspiradora de las culturas neopensantes incapaces de olvidar la tirantez que usurpa el conjunto de la sabiduría».
 
César Pinos Espinoza