jueves, 12 de noviembre de 2015
domingo, 8 de noviembre de 2015
Apolonio de Tiana, un hombre impresionante.
Apolonio de Tyana, coetáneo de Jesús de Nazareth, fue como éste entusiasta fundador de una nueva escuela espiritualista, y si bien menos metafísico y más práctico que Jesús y menos tierno y perfecto, infundió en sus discípulos la misma espiritualidad quintiesenciada y predicó la misma moral; pero grave error fue que tan sólo dirigiera su acción a la aristocracia, pues en esta clase social había nacido y era rico en bienes de fortuna, mientras que el humilde Jesús, nacido de familia pobre, “no tenía donde reclinar su cabeza”. Sin embargo, ambos obraban prodigios con sorprendente analogía de propósito en la predicación.
Antes de Apolonio había aparecido Simón el Mago, a quien las gentes llamaban el “gran poder de Dios”, cuyos prodigios, más admirables y variados todavía, constan en la historia más documentadamente que los de Jesús y los apóstoles. El escepticismo niega unos y otros, pero la historia los comprueba. La obra taumatúrgica de Apolonio está además corroborada por San Justino Mártir, quien, según ya vimos, diputa los milagros del filósofo de Tyana muy superiores a los del Fundador del cristianismo. Como Gautama y Jesús, era Apolonio irreconciliable adversario del culto externo y de las inútiles ceremonias religiosas. Si a ejemplo de Jesús hubiese preferido la compañía de los humildes y voluntariamente hubiese muerto proclamando desde lo alto de la cruz la verdad divina1175, de seguro que fuera su sangre tan meritoria como la de Jesús para la propagación de las enseñanzas espirituales.
Muchas calumnias se arrojaron contra Apolonio, y diez y ocho siglos después de muerto difamó su memoria el obispo Douglas en una obra que escribió contra los milagros, sin percatarse de los hechos históricos. Si examinamos imparcialmente esta cuestión, advertiremos que las éticas de Gautama, Platón, Apolonio, Jesús, Amonio y sus discípulos, están basadas en la misma filosofía mística. Todos adoraban a un solo Dios, ya considerándole como Padre común de los hombres que en El viven y El en ellos, ya como el incognoscible Principio creador de todo cuanto existe. Así fueron semejantes a Dios estos hombres1176. Todos se ejercitaron en la contemplación mística, en la identidad con el Yo, el Âtman, según los brahmanes. Este término indoísta es también cabalístico por excelencia.
NOTA:
La Vida de Jesús por Strauss, que el mismo Renán califica de obra verídica, espiritual y concienzuda,
aventaja, no obstante sus rudezas iconoclásticas, a la similar del autor francés. Prescindiendo del valor intrínseco e histórico de ambas obras, cuya critica no nos incumbe, nos detendremos en el impreciso bosquejo de Jesús trazado por Renán, pues no cabe concebir por qué falseó este autor el carácter de Jesús. Pocos de cuantos admiten la gran figura histórica, pero no divinizan al profeta de Nazareth, leerán la obra de Renán sin indignarse contra tamaña mutilación psicológica, pues convierte a Jesús en una especie de mentecato sentimental, en un bobo de comedia enamorado de sus sermones, deseoso de que todos le adoren y caído finalmente en las redes que le tienden sus enemigos. Esta figura no es la de Jesús, no es la del filántropo judío, del adepto y místico de una escuela hoy olvidada y tal vez jamás conocida por la iglesia cristiana, del héroe que prefirió arrostrar la muerte antes de ocultar las verdades que creía beneficiosas para la humanidad. Nos gusta más Strauss, pues aunque sin eufemismos lo califica de impostor y sedicioso y aun duda de su existencia histórica, al menos no le da el ridículo matiz sentimental con que Renán nos pinta su figura.
Fuente: Isis Sin Velo. H.P. Blavatsky. T. III. Nueva York. 1875.miércoles, 4 de noviembre de 2015
Lectura profunda...¿Prohibida? ¿Verdades escondidas?
Dice el sincero apóstol Pablo:
Porque si la verdad de Dios por mi mentira creció a gloria suya, ¿por qué soy yo todavía
juzgado como pecador? Y no que hagamos males para que vengan bienes
1091
.
No es posible que debamos creer inspirada por Dios semejante confesión que explica,
pero no excusa, la teoría según la cual “son lícitos y meritorios el engaño y la mentira
cuando favorecen los intereses de la Iglesia”1092. Plenamente se valieron de esta teoría
el armenio Eusebio, consumado maestro en las artes del embuste, y el inocentón de
Ireneo, que miraba la Biblia como a través de un kaleidoscopio. Ambos tuvieron por
secuaces todo un ejército de piadosos asesinos que llevaron la impostura hasta el
punto de proclamar la licitud del asesinato, siempre que contribuyese al afianzamiento
de la nueva religión1093. El espíritu clerical de estos fanáticos culminó en el emperador
Constantino, de quien, no obstante sus crímenes1094, dice Ireneo que fue favorecido por
la celeste visión del lábaro con el famoso lema: In hoc signo vincis. A la sombra del
estandarte imperial creció la Iglesia cristiana, que apenas había dado algunos pasos
desde los días de Ireneo, y se erigió en soberana y árbitra dueña del mundo.
Sin embargo, hemos de creer en la invención de la cruz, so pena de vernos calificados de infieles, a pesar de que, según demostraría una cuidadosa comprobación, los fragmentos de la verdadera cruz” se han multiplicado más prodigiosamente todavía que los dos peces y los cinco panes de la invisible panadería. Siempre que conviene echar mano de un milagro, se queda sin lugar propio el hecho descarnado y es preciso que la fábula suplante a la historia.
1091
Romanos, III, 7, 8.
1092
Historia eclesiástica, I, 381, 382. – Léanse las citas completas para comprender del todo esta teoría.
1093
Entre los continuadores de Eusebio e Ireneo, se cuentan los obispos Teófilo (llamado enemigo
perpetuo de la paz y la virtud), Cirilo, Atanasio, el asesino de Ario, y otros muchos que posteriormente
fueron canonizados por la Iglesia.
1094
Según los historiadores, Constantino ahogó a su esposa en agua hirviente, mandó descuartizar a un
sobrino suyo de poca edad, mató con su propia mano a su hijo Crispo y dos cuñados, hizo arrojar a un
pozo a un monje viejo, y condenó a cortarse las venas a muchos infelices de ambos sexos.
Desde un principio prevaleció el sistema de falsificaciones deliberadas.
Isis sin velo. T. 3. Págs. 277-278.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Prueba científica de que podemos curarnos a nosotros mismos
¿A menudo sufren de enfermedades y tienen que ir al médico? Existen pruebas científicas de que nuestro cuerpo puede curarse a sí mismos.
Luchando contra enfermedades potencialmente mortales, con condiciones de salud crónicas que la medicina occidental no ha curado todavía, o luchando contra los síntomas molestos que disminuyen la calidad de vida, o simplemente esperando para optimizar la energía, la vitalidad y las miradas, no hay pruebas científicas de que puedes curarte a ti mismo. En un TEDTalk, la Dr. Lissa Rankin exploro las implicaciones espirituales y científicas que el efecto placebo tiene sobre nosotros. Ella explico cómo nuestros pensamientos afectan poderosamente nuestra fisiología cuando creemos que podemos mejorar. El efecto placebo es una prueba concreta de que el cuerpo tiene su propio sistema de reparación por parte innata.
Se realizó un estudio con 3.500 participantes que todos habían sido diagnosticados con una enfermedad incurable como el cáncer, el VIH, diversas cardiopatías, etc. A través del efecto placebo, la enfermedad de todo el mundo había desaparecido sin tratamiento.
Lissa habló de un caso específico de un hombre llamado Sr. Wright, que había recibido medicamentos que él realmente creía podría curar su cáncer. ¡En pocos días sus tumores se redujeron a la mitad de su tamaño!
A lo largo de la charla, Lissa describió algunos de los innumerables sucesos que tienen pruebas medibles de personas que realmente se curaron a sí mismos. El pelo le volvió a crecer, curación de úlceras, reducción de tumores y la disminución de los signos de la enfermedad! La curación se inicia por la mente y el cuerpo reacciona.
Fuente: Arturo Salaises Vega · Universidad Tecnológica de México (UNITEC)
Está comprobado que podemos curarnos por nosotros mismos. Yo experimenté esto. Todo nuestro cuerpo está interconectado, por eso podemos generar una enfermedad y también podemos eliminarla, es energía que corre por nuestro cuerpo en todas y cada una de las células, de ahí parte todo lo bueno y lo malo que sentimos o que dejamos de hacer. Por el estado de ánimo, si estamos tristes se enferman las células, se bajan las defensas, y si estamos alegres siempre positivos nos mantenemos saludables, pero claro que también tenemos que ayudarnos con la alimentación, porque bien lo dijo Sócrates, deja que la medicina sea tu alimento y que tu alimento sea tu medicina.
¡Ánimo a todos!
viernes, 30 de octubre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
El cerebro creó la religión para aliviar el estrés
La neurología ha podido entrar a estudiar al cerebro vivo, conociendo cómo funciona en diferentes actividades y estados mentales. La religión y el acto religioso no han quedado ajenos de la investigación. Curiosamente, el resultado de las investigaciones apunta a que la religión (o las religiones, ya que existen 4.000) han sido objeto de la mente humana, al igual que los dioses en los que los teístas creen. Este artículo de Miguel Ángel Criado, a propósito de la obra “El cerebro de Dios”, fue publicado originalmente en el diario Público.
Karl Marx se equivocaba cuando consideró a la religión como el opio del pueblo. En realidad, como está demostrando la neurociencia un siglo y medio después de que el filósofo alemán escribiera aquella sentencia, el destinatario de su poder analgésico es el cerebro.
Apoyados en la biología evolutiva, las últimas técnicas en neuroimagen y el análisis de residuos cerebrales, dos científicos estadounidenses explican en el libro God’s Brain (El cerebro de Dios, ed. Prometheus Books ), publicado en EEUU a comienzos de marzo, cómo la experiencia religiosa libera una serie de neurotransmisores y hormonas que mitigan el estrés que sufre el cerebro ante los pequeños problemas de la vida diaria y las grandes preguntas que, desde siempre, se hace el ser humano.
“Sostenemos que el cerebro creó la religión y la idea de Dios”, explica el antropólogo Lionel Tiger, profesor de la Universidad Rutger y coautor del libro. “Sospechamos que nuestros ancestros imaginaban cosas que les atemorizaban, así que, para reducir ese miedo, produjeron una idea de Dios y formalizaron las religiones”, añade. Desde mucho antes de la Ilustración, pensadores de todos los tiempos han cuestionado la sobrenaturalidad de la religión. Filósofos, librepensadores y científicos, en especial desde que se hicieron públicas las teorías de Darwin y los trabajos de Mendel sobre genética, han visto en la religión una creación humana destinada a hacer la vida en la Tierra algo más confortable. Pero no dejan de ser opiniones o teorías mejor o peor fundamentadas.
Fuente: Miguel Ángel Criado
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