viernes, 12 de febrero de 2016

Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru, Héroe Nacional del Perú y de América.

 
    Lideró la denominada «Gran rebelión» que se desarrolló en el Virreinato del Río de la Plata y el Virreinato del Perú, pertenecientes al Reino de España, rebelión iniciada el 4 de noviembre de 1780 con la captura y posterior ejecución del corregidor Antonio de Arriaga. Curaca (jefe nativo) de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, era adinerado y se dedicaba al comercio. Se trataba de un personaje de origen mestizo (fue Marqués de Oropesa) en el que confluía la sangre del Sapa Inca Túpac Amaru con la de los criollos. De hecho, durante una gran parte de su vida, habiendo sido criado hasta los 12 años por el sacerdote criollo Antonio López de Sosa y luego en el Colegio San Francisco de Borja, mostró preferencia por lo criollo llegando a dominar el latín y a utilizar refinadas vestimentas hispanas, pero posteriormente se vistió como un noble inca, hizo uso activo de la lengua nativa quechua en su vida y proclamas, y fue excomulgado de la Iglesia católica. Encabezó el mayor movimiento de corte indigenista e independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en pedir la libertad de toda América de cualquier dependencia, tanto de España como de su monarca, implicando esto no sólo la mera separación política sino la eliminación de diversas formas de explotación indígena (mita minera, reparto de mercancías, obrajes), de los corregimientos, alcabalas y aduanas (14 de noviembre de 1780).
 
                                        
                                         Placa en la Plaza de Armas del Cusco.



Monumento a Túpac Amaru en la plaza del mismo nombre en Cusco.


   Placa en la plaza Túpac Amaru, Cusco.

César Pinos Espinoza
Periodista freelance.

domingo, 24 de enero de 2016

Compañía de Jesús, con linaje secreto.

Ignacio de Loyola, fundador.
    Pero la consecuencia es una virtud que la influencia jesuítica va debilitando más y más entre los clericales. El astuto, solapado, sagaz y terrible jesuitismo es como el alma de la Iglesia romana, de cuyo poder espiritual se apoderó por entero. Conviene, pues, comparar la moral jesuítica con la de los antiguos tanaímes y teurgos, para descubrir la íntima relación que con las sociedades secretas tienen los arteros enemigos de toda reforma. No hay en la antigüedad escuela ni asociación ni secta alguna que se parezca siquiera a la Compañía de Jesús, contra cuyas tendencias se levantaron generales protestas apenas nacida, pues a los quince años de su constitución se deshicieron de ella los gobiernos de Europa. Portugal y los Países Bajos expulsaron a los jesuítas en 1578; Francia en 1594; la república de Venecia en 1606; Nápoles en 1622; Rusia en 1820.
 
    Desde su adolescencia mostró la Compañía de Jesús las mañas que todo el mundo le reconoce, y que han causado más daños morales que las infernales huestes del mítico Satán. No le parecerá exagerada esta afirmación al lector cuando se entere de los principios, máximas y reglas de los jesuitas, entresacados de sus propios autores y de la obra mandada publicar por decreto del Parlamento francés (5 de Marzo de 1762) y revisada por la comisión que se nombró al efecto. Esta obra fué presentada al monarca para que, como hijo primogénito de la Iglesia, advirtiese la perversidad de (como dice textualmente el decreto del Parlamento) “una doctrina que permite el robo, el asesinato, el perjurio, la fornicación, el parricidio y el regicidio, y sobre las ruinas de la religión quiere erigir la superstición, la hechicería, la impiedad y la idolatría”.
 
    A pesar de las afirmaciones contrarias, ha resultado que la Compañía de Jesús pertenece en uno de sus aspectos al linaje de las sociedades secretas. Sus constituciones, traducidas al latín en 1558 por el P. Polanco e impresas en Roma, se mantuvieron en riguroso secreto, hasta que en 1761 mandó publicarlas el Parlamento francés cuando el famoso proceso del P. Lavalette.
    Los grados de la orden son seis, a saber: novicios, hermanos, sacerdotes, coadjutores, profesos de tres votos y profesos de cinco votos. Además, hay un séptimo grado secreto, tan sólo conocido del general de la orden y de unos cuantos dignatarios, en que consiste el terrible y misterioso poder de la Compañía, uno de cuyos mayores timbres de gloria es para ellos la reorganización del sanguinario tribunal del Santo Oficio, a instancias de Loyola.
 
    Los jesuitas son hoy día omnipotentes en la curia romana e influyen decisivamente en las congregaciones de cardenales y en la secretaría de Estado, de modo que antes de la ocupación de Roma pudo decirse que estaba en sus manos el gobierno pontificio.
    Respecto a su organización interna dice Mackenzie: La Compañía de Jesús tiene signos secretos y contraseñas distintas para cada uno de los grados, y como no llevan divisa alguna exterior es muy difícil reconocerlos, a no ser por declaración propia, pues según el encargo que reciban se presentan como católicos o protestantes, plebeyos o aristócratas, fanáticos o escépticos. Tienen espías en todas partes y en todas las clases sociales, y se fingen mentecatos cuando así les conviene. Hay jesuitas de ambos sexos y de toda edad que se inmiscuyen por doquiera, hasta el punto de haber algunos de familias distinguidas y complexión delicada, que no obstante están de criados en casas de protestantes para mejor servir los intereses de la Compañía. Nunca nos precaveremos suficientemente contra su influjo, pues como la Orden se funda en la absoluta y ciega obediencia, puede convertir toda su fuerza hacia determinado punto. Por su parte, sostienen los jesuítas que “la Orden no es de institución humana sino que la fundó el mismo Jesús al trazarle la regla de conducta, primero con su ejemplo y después con su palabra”.
 
    Pero ¿qué porvenir aguarda al mundo católico si ha de continuar dominado por esta  nefanda sociedad? No será muy lisonjero desde el momento en que el mismo cardenal arzobispo de Cambray levanta su voz en pro de los jesuítas, aunque como han transcurrido ya dos siglos de la exposición de tan abominables principios, les ha sobrado tiempo a los jesuítas para amañar su defensa con mentiras afortunadas, de modo que la mayoría de católicos jamás creerán a sus acusadores.
 
    El pontífice Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús el 23 de julio de 1773, y sin embargo la restableció Pío VII el 7 de Agosto de 1814.
 

Fuente: Isis sin velo. T4. H.P. Blavatsky. N.Y. 1875.
 

jueves, 21 de enero de 2016

¿Los creyentes se autoengañan?


 
   Algunos científicos, como el conocido biólogo Richard Dawkins, han acusado a los creyentes de autoengañarse o de tener sus capacidades mentales disminuidas. Con el 80%
de la población mundial que se declara creyente de una de las 4.000 religiones que existen, según su libro, una explicación así deja poco margen al futuro de la especie humana. En realidad, según estos autores, el cerebro ha fabricado la religión en su propio beneficio. Y la llegada de la neurociencia y los experimentos con el cerebro han permitido conocer mejor cómo lo hace.

   El neurólogo Michael McGuire, coautor del libro y profesor en la universidad californiana de Ucla, descubrió hace casi 30 años cómo estudiar el cerebro de los chimpancés por medio de los residuos de su actividad neuronal sin dañarles. Sus trabajos le permiten sostener que también tienen un sentido de lo que está bien y lo que está mal, es decir, la moral.


   “No es descabellado que los chimpancés tengan una idea de Dios, pero no tenemos evidencias”, opina McGuire. Y no lo es porque ambas especies comparten una misma base biológica, posible origen de su moral.

   Pero el impulso definitivo al estudio del cerebro lo han dado las distintas tecnologías de neuroimagen (resonancia magnética, tomografías, o magnetoencefalografía). En el repaso de los más recientes trabajos en este campo que hace el libro, se observa cómo la fe en Dios reduce los síntomas de la depresión y favorece el autocontrol mientras que la meditación mejora algunas capacidades mentales. Otro estudio también reveló que los creyentes viven más que los ateos o los agnósticos.
  
    La causa hay que buscarla dentro del ser humano. A pesar de ser la especie más poderosa, es presa fácil del miedo y la incertidumbre. Esto genera estrés neuronal, deteriorando las dendritas y reduciendo la neuroplasticidad. Induce más de 100 cambios en el cerebro.

   Según los autores, sólo la religión ofrece un bálsamo trinitario formado por la “socialización positiva, los rituales y una creencia, generalmente en la otra vida”. La experiencia religiosa libera neurotransmisores como la serotonina, la dopamina o la oxitocina, que dan paz al cerebro.

    Aunque los ateos y los agnósticos pueden combatir el estrés con actividades que recreen esta socialización, “siempre les quedará algo de dolor, a menos que crean en la otra vida”, aseguran. Desde un punto de vista evolutivo, parece un suicidio no ser religioso.

Fuente: Miguel Ángel Criado. Libro God’s Brain (El cerebro de Dios, ed. Prometheus Books ), publicado en EEUU.

jueves, 24 de diciembre de 2015

El Evangelio Apócrifo de Felipe


  © Vladimir Antonov, 2008. Traducido del ruso al español por Anton Teplyy y Eduardo Jorquera Muñoz.

     Este libro presenta una traducción completa y competente del Evangelio escrito por el apóstol Felipe, un Discípulo personal de Jesús el Cristo. La traducción lleva los comentarios explicativos. En el Evangelio, Felipe puso énfasis en el aspecto metodológico del trabajo espiritual. El libro está dirigido a todos que aspiran a la Perfección.

     El Evangelio apócrifo del Apóstol Felipe, un discípulo personal de Jesús el Cristo, fue encontrado por arqueólogos en 1945 en Egipto. Este Evangelio contiene información muy importante impartida a Felipe por Jesús el Cristo. Se trata de las técnicas meditativas más altas que llevan a un guerrero espiritual a la Morada de Dios el Padre la que se designa como «la Cámara Nupcial» por Felipe. En el Evangelio artísticamente se entretejen dos líneas de narración: la línea del amor sexual entre las personas y la línea del Amor más alto a Dios; cabe notar que el primero es considerado como el prototipo del segundo.

    El Evangelio está escrito en una lengua artística literaria y fue hecho en un estilo de parábola. El Evangelio no fue conocido por los lectores rusos hasta ahora. Tres ediciones anteriores, que fueron incluidas en las colecciones temáticas, fueron preparadas por los traductores que no entendieron el significado del texto e intentaron simplemente traducirlo «literalmente». Por consiguiente, las traducciones resultaron ser principalmente unas composiciones de palabras ininteligibles, no relacionadas entre sí.

    Hay aquellos que heredan lo perecedero. Ellos mismos pertenecen a lo perecedero, por eso lo heredan. Aquellos Que heredan lo Imperecedero Ellos Mismos son imperecederos. Ellos se vuelven los dueños de lo Imperecedero y de lo perecedero. El Que ha alcanzado al Padre gracias a sus esfuerzos de auto-perfección, hallará la Verdadera Vida después de la muerte de su cuerpo. Él se vuelve un Condueño con el Padre en lo Celestial y en la Tierra.

    Los que siembran en el invierno cosechan en el verano. El invierno es lo mundano, pero el verano es el otro eón. ¡Que sembremos en el invierno en la Tierra, para que en el verano haya la cosecha! Por consiguiente, no debemos implorar el invierno de Dios, pues después del invierno sigue el verano. La palabra griega eones denota las dimensiones espaciales; entre éstas hay las que se les llaman el infierno, el paraíso y la Morada de Dios el Padre. En el «invierno», es decir, mientras estemos en la Tierra, debemos trabajar para estar en el «verano» en la abundancia y la beatitud de los eones más altos.

    El que no trabaja para perfeccionarse en el transcurso de la encarnación entera, no hallará para sí ningún fruto bueno después de ésta. Y los que se han desprendido de lo mundano se vuelven íntegros, eternos.

     La importancia dada a las cosas mundanas es un gran error. Pues, éstas distraen los pensamientos de Aquel Quien es eterno (y los dirigen) hacia lo que es perecedero. En este caso, incluso el que escuche acerca de Dios no percibe (detrás de esta palabra) lo Eterno, sino que piensa en lo perecedero. El hombre, deseando salvarse, ejecutaba los sacrificios. Pero si el hombre es razonable, (entiende claramente que) los sacrificios no son necesarios y que los animales no deben ser ofrecidos a los «dioses». De hecho, los que ofrecieron los animales como un sacrificio eran similares a estos animales (por el nivel de su desarrollo).

    El hecho es que el hombre no es un cuerpo. Él es una conciencia, un alma. Por eso, no es correcto decir que el hombre está muerto, si su cuerpo se ha muerto. Es el cuerpo que se murió, pero el hombre no. También podemos hablar de la muerte del hombre (como un alma, es decir, sobre la muerte espiritual) en el sentido que Jesús dio a estas palabras, diciendo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos» (Mateo 8:22; Lucas 9:60). Las personas sin conocimiento verdadero sobre su predestinación y el Camino vivan una vida comparable con la de los animales. Pero Dios, a través del Cristo, les da la comida espiritual propia para ellos.

Primera parte.