martes, 24 de noviembre de 2015

Jesús: Mil rostros, mil conceptos. Serie: 2. Jesús estuvo casado.

 
 
     Por supuesto, de un manuscrito. Hasta hace un siglo en el mercado de antigüedades en El Cairo se podía encontrar libros en papiro para revolucionar la historia de las religiones. Le ocurrió en 1896 a Carl Reinhardt, cuando compró uno, escrito en copto a principios del siglo II. Lo depositó en el Museo Egipcio de Berlín y no fue desvelado hasta 1955 por el egiptólogo Carl Smith. Resultó ser el Evangelio de María y agitó las investigaciones sobre el protagonismo de las mujeres en las primeras comunidades cristianas.

     En una religión cuyas jerarquías desprecian e incluso detestan a la mujer, reabría el viejo debate sobre el estado civil de Jesús, el fundador cristiano. Así lo subrayó entonces Karen King, reputada catedrática en la Universidad de Harvard, que ofreció en 2006 otra traducción y un estudio riguroso (en español lo editó Poliedro, con traducción de Marco Aurelio Galmarini).
 
     Ahora vuelve otro papiro. Al comprado por Reinhardt le faltaban las seis primeras páginas y cuatro más del centro. Karen King cree que eran la clave de un hecho que se ha querido ocultar como si fuese peligroso. La semana pasada ha dado a conocer el texto en el que se dice que Jesús se casó. La tradición cristiana imperante siempre, ha dicho que no lo estaba, a pesar de no existir evidencias que respalden tal afirmación o la contraria.
 
     "Si en los primeros textos no hay referencias al matrimonio de Jesús, es porque en el contexto normal era que estuviera casado. ¿Por qué entonces las reacciones más viscerales que argumentadas en contra? Las razones tiene que ver con el sexo. Porque cae por tierra todo el fundamento cristológico del celibato impuesto a los sacerdotes. Porque pierde justificación la superioridad de la vida consagrada a Dios sobre la vida de los cristianos seglares; y porque se desmonta la visión negativa que la Iglesia tiene de la sexualidad y la consiguiente represión sexual que impone", sostiene el teólogo Juan José Tamayo, autor de tres libros sobre la vida y la obra de Jesús de Nazaret. Escrivá de Balaguer rechazó así el planteamiento: "El matrimonio es para la clase de tropa".
 
     En El Evangelio de María hay un diálogo de Jesús con los discípulos después de la resurrección. Entre ellos está María de Magdala (conocida como María Magdalena), que antes había revelado enseñanzas que ella misma recibió en una visión del resucitado. Algunos discípulos se enfadan. ¿Cómo podía Jesús escoger a una mujer como interlocutora, marginando a Pedro, por ejemplo? Otros reprochan a Pedro por el trato que da a Magdalena: "Si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla? El Salvador la conocía profundamente, por eso la amó más que a nosotros, lo que debería darnos vergüenza".
 
    Otro fragmento contiene esta cita: "Y Jesús les dijo: Mi mujer" A la discusión de si esa mujer merece ser parte de la comunidad, Jesús contesta: "Ella puede ser mi discípula también. Con esta frase, la tesis de San Pedro ordenando callar a las mujeres en las asambleas, saltaría por los aires de forma clamorosa.
 
    Son legión los Padres de la Iglesia que detestan a la mujer: Pablo de Tarso (San Pablo): "Es bueno para el hombre abstenerse de mujer". Agustín de Hipona (San Agustín): "El marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer". Tomás de Aquino (Santo Tomás): "La mujer es un hombre malogrado". Juan Damasceno (Santo, Doctor de la Iglesia): "La mujer es una burra tozuda (necia, tonta), un gusano terrible en el corazón del hombre, ella ha expulsado a Adán del Paraíso". Tertuliano (Padre de la Iglesia): "No está permitido que una mujer hable en la Iglesia, ni bautizar ni ofrecer la eucaristía, ni participar en las funciones masculinas, y mucho menos en el sacerdocio".
 
Fuente: Juan G. Bedoya. Diario El País. Madrid. Notas de paréntesis nuestras.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Jesús: Mil rostros, mil conceptos. Serie: 1.


   Brevísimas menciones en sendas obras de Plinio el joven, Tácito y Suetonio. Son más bien referencias a la actividad de los cristianos:

   A comienzos del siglo II, Plinio el Joven, en una carta al emperador Trajano, menciona que "Estos cristianos (Aquellos que hace comparecer ante sí mismo como cristianos) que consienten en ser sacrificados, los devuelve absueltos. Por otra parte, aseguran no haber hecho ningún mal: dicen haber, simplemente, elevado cánticos a Cristo, como los que se dedican a un dios" «le cantan himnos a Cristo (casi Dios, según dicen)» (Epístolas 10:96).

    Hacia 116 o 117, el historiador Tácito, en sus 'Anales' hablando de Nerón comenta que después del incendio de Roma infringía penas severas a los partidarios de un tal Cristo, que había sido supliciado bajo Poncio Pilato, los cristianos toman su nombre "de un tal Cristo, que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato" (Anales, 15:44:2-3).

   Suetonio en una nota al parecer tomada de un documento de la policía de la época de Claudio (41-54) hacia 120, menciona a los cristianos y en otro pasaje de la misma obra, hablando del emperador Claudio, dice que a «los judíos, instigados por Chrestus, los expulsó de Roma por sus hábitos escandalosos» (De Vita Caesarum. Divus Claudius, 25). 'Los hebreos fueron expulsados de Roma, culpables de haber provocado tumultos bajo la instigación de un tal "Chrestus". Otra versión del mismo texto indica que Claudio: 'Expulsó de Roma a los judíos por las continuas peleas a causa de un tal Cresto'. El nombre Chrestus ha sido interpretado como una lectura deficiente de Christus; sin embargo, no puede excluirse que el pasaje haga referencia a un agitador judío en la Roma de los años 50.

    Existe otro texto que, aunque es bastante dudoso, podría ser una referencia a Jesús de Nazaret: se trata de una carta, conservada en siríaco, escrita por un tal Mara Bar-Serapion, en la que se habla de un «rey sabio» condenado a muerte por los judíos. No hay acuerdo sobre si esta carta data del siglo I, II o III de nuestra era, y tampoco está claro si es o no una referencia a Jesús de Nazaret. La escasez de fuentes no cristianas sugiere que la actividad de Jesús no llamó la atención en su época, aunque según las fuentes cristianas su predicación habría congregado a multitudes. Las fuentes no cristianas no aportan nada al conocimiento de Jesús como personaje histórico, y solo se usaron para demostrar su existencia.[

Wikipedia. Fuentes romanas.

jueves, 19 de noviembre de 2015

"El más peligroso idealista que haya jamás existido"

 
 
     La cantidad de dificultades que podría plantearnos un Jesús histórico puede deducirse de los juicios de Eduard Hartmann y otras autoridades nada irreligiosas. Quien se acerque sin prejuicios a ese Jesús descubrirá en él ciertos elementos extraños que podrían parecerles chocantes e incluso moral y religiosamente escandalosos.
 
     Su ética nos puede parecer cálida y profunda, pero resulta en definitiva imperfecta, pues no toma en consideración o incluso menosprecia valores como el trabajo, el lucro, la actividad y otras muchas realidades humanas. Por otra parte, el recurso a la tosca idea de la retribución pone en peligro dicha ética; las concepciones particularistas de corte judío hacen de ella una ética muy estrecha; el supuesto de la predestinación la convierte en algo frustrante. A ello hay que añadir el primitivismo de las concepciones metafísicas de Jesús, imposibles de traducir en términos modernos y que no pueden responder a las más elementales necesidades del pensamiento y la especulación.
 
     Si uno tiene en cuenta, además, la determinación escatológica de su autoconciencia, de sus esperanzas, de su predicación y sus opciones y acciones, aumentará la impresión de que la personalidad de Jesús nos es completamente extraña a nosotros y a nuestra época. Resulta mucho más lógico afirmar que no es posible establecer ninguna forma de relación con él que afIrmar lo contrario.
     En su interesante escrito Jesus im Lichte der Gegenwart, Ernst Horneffer toma esa última opción. El autor acepta sin condiciones la fuerza y la grandeza de Jesús y no quiere negar que su persona ha originado multitud de bienes. Pero al mismo tiempo lo considera el «más peligroso idealista que haya jamás existido»; constata además que en la personalidad de Jesús se mezclan elementos beneficiosos y perjudiciales y que, en consecuencia, su influjo en la historia ha sido bueno y perjudicial al mismo tiempo. Otra posibilidad de interpretar las cosas parte del hecho de que la auténtica imagen de Jesús sólo puede obtenerse a partir de los relatos de los dos Sinópticos más antiguos y sobre la base de ciertos rasgos de carácter general. La teología está replegándose en el supuesto de que las noticias fidedignas sobre Jesús son muy escasas.
 
 
Fuente: Albert Schwetzer. Investigación sobre la vida de Jesús. Valencia, España. 2002.

 
 
 
 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Orígenes: Ideas de un filósofo cristiano

 
   Gracias a la ayuda de un mecenas en Cesarea, Ambrosio, Orígenes pudo dedicarse a dictar muchos comentarios escriturísticos, tratados de teología y homilías. Sus contribuciones se enmarcan en un contexto en el que la cristiandad, ya entonces una religión separada del judaísmo, vio necesaria la ampliación de su teología – en gran medida buscando reconciliar el cristianismo con el helenismo. Ireneo y Tertuliano habían iniciado esta labor, y posteriormente la escuela de Alejandría había retomado el trabajo.
 
[]   La mayor parte de sus escritos se ha perdido, a causa de las violentas polémicas que se desencadenaron en torno a su ortodoxia ya pocos años después de su muerte. El golpe decisivo lo dio el Concilio de Constantinopla de año 553, que ordenó la destrucción de sus obras. El 11 de junio de 2012 se anunció el descubrimiento del texto original de una colección de 29 homilías inéditas de los salmos de Orígenes en el manuscrito Monacensis graecus 314 del siglo XI, descubierto por la investigadora italiana Marina Molin Pradel.  Entre ellas destaca el tratado contra el filósofo pagano Celso. Orígenes fue el más grande representante de las cartas cristianas en el mundo antiguo y su influencia fue inmensa en la reflexión doctrinal y en la espiritualidad en general, en Oriente y Occidente, en la medida en que se ejerció antes de la condena definitiva. Esta fue consecuencia del clima de absoluta intolerancia que se instauró, sobre todo en Oriente, a partir del siglo V.
 
 
   En sus libros, aseveró que conocía más de veinte versiones de los Evangelios, quejándose por el pésimo estado de conservación de esos documentos y por las malas interpretaciones que hacían aquellos encargados de copiarlos. En su libro "Sobre los principios", refiriéndose a estos, dice: Hay cosas que se nos refieren como si fueran históricas y que jamás han sucedido y que eran imposibles como hechos materiales y otras, aun siendo posibles, tampoco han sucedido.Orígenes era contrario a la doctrina de la reencarnación. Conocedor del concepto a partir de la filosofía griega, afirma que la transmigración "...es ajena a la Iglesia de Dios, no enseñada por los apóstoles, y no apoyada por las Escrituras" (Comentario al Evangelio de Mateo, 13:1:46–53).
Dice:
   Ya que nosotros que decimos que el mundo visible está bajo el gobierno del que creó todas las cosas, declare así que el Hijo no es más fuerte que el Padre, sino inferior a Él. Y esta creencia que basamos en el refrán de Jesús mismo, «el Padre que me envió es mayor que yo». Y ninguno de nosotros es tan insano para afirmar que el Hijo del hombre es el Señor sobre Dios.
Contra Celso, libro VIII, 15
De Celso, a quien ataca Orígenes:
   "Seguidamente, barruntando Celso que se le alegarían las grandes cosas hechas por Jesús, de las que, siendo muchas, sólo de unas pocas hemos hablado, aparenta conceder sea verdad lo que se cuenta, "de curaciones, de alguna resurrección, o de unos pocos panes con que se alimentó toda una muchedumbre y aún sobró mucho, o cuanto, según él piensa, escriben de prodigios fantásticos sus discípulos"; pero añade a todo esto: "demos de barato que tú hicieras todo eso". E inmediatamente identifica las obras de Jesús con las de los hechiceros que, según él, "prometen cosas aún más maravillosas, y con las que realizan lo que han aprendido en Egipto; gentes que, en las públicas plazas, venden" por unos óbolos tan venerables enseñanzas, arrojan de los hombres a los dé-mones, exuflan enfermedades y evocan las almas de los héroes, ponen ante los ojos banquetes espléndidos, mesas, pasteles y platos que no existen, mueven como si fueran animales cosas que no lo son, sino que aparecen tales en la fantasía". Y concluye: "¿Acaso porque esas gentes hacen todo eso habremos de pensar nosotros que son hijos de Dios? ¿O habrá que decir más bien ser todo eso ocupaciones de hombres malvados y miserables?"
César Pinos Espinoza
Periodista.
 
 

domingo, 8 de noviembre de 2015

Apolonio de Tiana, un hombre impresionante.

 
Apolonio de Tyana, coetáneo de Jesús de Nazareth, fue como éste entusiasta fundador de una nueva escuela espiritualista, y si bien menos metafísico y más práctico que Jesús y menos tierno y perfecto, infundió en sus discípulos la misma espiritualidad quintiesenciada y predicó la misma moral; pero grave error fue que tan sólo dirigiera su acción a la aristocracia, pues en esta clase social había nacido y era rico en bienes de fortuna, mientras que el humilde Jesús, nacido de familia pobre, “no tenía donde reclinar su cabeza”. Sin embargo, ambos obraban prodigios con sorprendente analogía de propósito en la predicación.

Antes de Apolonio había aparecido Simón el Mago, a quien las gentes llamaban el “gran poder de Dios”, cuyos prodigios, más admirables y variados todavía, constan en la historia más documentadamente que los de Jesús y los apóstoles. El escepticismo niega unos y otros, pero la historia los comprueba. La obra taumatúrgica de Apolonio está además corroborada por San Justino Mártir, quien, según ya vimos, diputa los milagros del filósofo de Tyana muy superiores a los del Fundador del cristianismo. Como Gautama y Jesús, era Apolonio irreconciliable adversario del culto externo y de las inútiles ceremonias religiosas. Si a ejemplo de Jesús hubiese preferido la compañía de los humildes y voluntariamente hubiese muerto proclamando desde lo alto de la cruz la verdad divina1175, de seguro que fuera su sangre tan meritoria como la de Jesús para la propagación de las enseñanzas espirituales.
 
Muchas calumnias se arrojaron contra Apolonio, y diez y ocho siglos después de muerto difamó su memoria el obispo Douglas en una obra que escribió contra los milagros, sin percatarse de los hechos históricos. Si examinamos imparcialmente esta cuestión, advertiremos que las éticas de Gautama, Platón, Apolonio, Jesús, Amonio y sus discípulos, están basadas en la misma filosofía mística. Todos adoraban a un solo Dios, ya considerándole como Padre común de los hombres que en El viven y El en ellos, ya como el incognoscible Principio creador de todo cuanto existe. Así fueron semejantes a Dios estos hombres1176. Todos se ejercitaron en la contemplación mística, en la identidad con el Yo, el Âtman, según los brahmanes. Este término indoísta es también cabalístico por excelencia.
 
NOTA:
 
La Vida de Jesús por Strauss, que el mismo Renán califica de obra verídica, espiritual y concienzuda,
aventaja, no obstante sus rudezas iconoclásticas, a la similar del autor francés. Prescindiendo del valor intrínseco e histórico de ambas obras, cuya critica no nos incumbe, nos detendremos en el impreciso bosquejo de Jesús trazado por Renán, pues no cabe concebir por qué falseó este autor el carácter de Jesús. Pocos de cuantos admiten la gran figura histórica, pero no divinizan al profeta de Nazareth, leerán la obra de Renán sin indignarse contra tamaña mutilación psicológica, pues convierte a Jesús en una especie de mentecato sentimental, en un bobo de comedia enamorado de sus sermones, deseoso de que todos le adoren y caído finalmente en las redes que le tienden sus enemigos. Esta figura no es la de Jesús, no es la del filántropo judío, del adepto y místico de una escuela hoy olvidada y tal vez jamás conocida por la iglesia cristiana, del héroe que prefirió arrostrar la muerte antes de ocultar las verdades que creía beneficiosas para la humanidad. Nos gusta más Strauss, pues aunque sin eufemismos lo califica de impostor y sedicioso y aun duda de su existencia histórica, al menos no le da el ridículo matiz sentimental con que Renán nos pinta su figura.
 
Fuente: Isis Sin Velo. H.P. Blavatsky. T. III. Nueva York. 1875.